En la reconstrucción de esta casona de indiano del siglo XIX se combina la fidelidad y la sorpresa. La madera de roble y la piedra, sutilmente iluminadas y mezcladas con elementos de diseño más funcional consiguen un resultado acogedor y sorprendente. El edificio cuenta con un agradable porche acristalado y está rodeado de una finca de 8.000 m2 con árboles centenarios. Su orografía, dispuesta a modo de terrazas, nos ofrece un sin fin de rincones encantadores. Se pueden realizar distintas actividades como la observación de aves, espeleología, paseos en quad o actividades náuticas, favorecidas por la cercanía entre las montañas del valle de Aras y las playas de Laredo.
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