Austeridad exterior y calidez interior. El contraste es la clave de esta casona de indianos construida en el siglo XIX, con jardines y espacios interiores sorprendentes, entre los que destaca su patio acristalado de 140 m2 que da acceso a los distintos edificios de un conjunto arquitectónico de 1.500 m2 . Habitaciones amplias y luminosas en la primera planta, y acogedoras buhardillas bajo la cubierta. En la antigua lavandería hoy rehabilitada, se muestran objetos de la vida rural. Generosos desayunos en los que no falta la repostería, la fruta, los embutidos y las tostadas mediterráneas con aceite de oliva.
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