Magnolios bicentenarios reciben al viajero que llega a este soberbio palacio
barroco del siglo XVIII, situado en pleno valle de Carriedo. Su fachada de tres
cuerpos y su portada blasonada con reja de herrería dan acceso a salones y
habitaciones decorados de forma diferenciada y perfectamente adaptada a
la nobleza del edificio. Una sabia mezcla de lujo, tradición y confort ha dirigido
la rehabilitación y adaptación de este singular edificio declarado bien
de interés histórico, cultural y artístico. Su restaurante Iniro ofrece un contraste
entre el estilo decorativo neoclásico tradicional de sus tres salones y
la concepción moderna y personal de su propuesta gastronómica. Productos
muy tradicionales: bacalao, carnes rojas y caza. Efectos visuales y texturas
asociadas novedosas técnicas. Entre sus especialidades destacan: milhojas
de berenjena y ternera con queso de cabra y maíz tostado, lomo de merluza
con escalope de foie a la plancha y tostadillo de Liébana, magret de pato
lacado en miel de brezo con habitas frescas y frambruesas.
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